miércoles, 19 de marzo de 2014

Horas, minutos, segundos y siglos

Todavía resuena en su cabeza el eco de su risa y había pasado sólo una hora. Parece que fuera ayer. O hace diez años, ¿quién sabe? Porque lo había conocido hace tiempo y podría decir que fue anteayer o mañana cuando eso fuera a suceder.

Tenía el don de invertir el tiempo y hacer que los años parecieran minutos y los segundos una eternidad. Jugaba con el tiempo a tu antojo, alargaba los segundos que merecían la pena ser repetidos y evitaba que se prolongaran los instantes que deseaba que no hubieran ocurrido nunca.

Las noches las pasaba en vela, pluma en mano, a la luz de un candil que no hacía sino exacerbar su insomnio. El día, lo pasaba soñando... porque no conocía otra manera de VIVIR

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