Y hoy, después de tanto tiempo, decido sentarme frente al ordenador de nuevo y (re)comenzar a escribir. Probablemente solo salga una maraña de frases sin sentido, pero en algún momento, en algún lugar, algún día o para alguna persona, lo tendrán.
El problema de llevar tanto tiempo sin escribir es que quiero escribir tanto, que las palabras se atropellan unas a otras y mis dedos, torpes e indecisos, chocan unos con otros por no saber qué palabra es la adecuada.
Había pensado abrir un blog nuevo, distinto, sin relación con el pasado. Pero todo lo anterior forma parte de nosotros, de la misma manera que un capítulo en un libro, sin el capítulo anterior, no tiene ningún sentido. O si. Vete a saber. El caso, es que, por pereza o por construir sobre algo que en su momento me dio fuerza y ahora me sirve para recordar y aprender de los errores, he decidido que seguiré escribiendo aquí.
De la misma forma, que sigo escribiendo en el ordenador, quizás porque lo asocie a tantas y tantas veces en las que, a altas horas de la madrugada, y entre conversaciones de esas que solo pueden existir cuando el cansancio casi ha conseguido vencernos, solo podía expresarme en palabras. Quizás porque en el ordenador no se hacen tachones, o porque todo lo que escribo en papel, lo acabo perdiendo...
El caso es que he vuelto, y a pesar de la falta de tiempo, debería no abandonar el hábito de escribir, dejar caer unas cuantas líneas que hablen de lo que ha pasado por mi cabeza (consciente o inconscientemente), o simplemente de algo que considero bonito, de algo que siento, o ¿por qué no? de algo que alguien siente. Al fin y al cabo, todo se repite, una y otra vez, en todas y cada una de las situaciones y vidas que te encuentres.
La vida nos regala tantos buenos momentos, que tendrían que quedar reflejados de algún modo, no deberían perderse. Espero poder atrapar unos cuantos y dejarlos inmortalizados de algún modo